TELEVISIÓN

El último programa humorístico de Alfredo Casero y el fin de una era gloriosa para el humor televisivo.
SENSATEZ SIN SENTIMIENTOS
por Olga Stada. Especial para dulatina.com

Qué feo es acostumbrarse. O ver que las cosas que antes nos fascinaban, ahora ya nos resultan una costumbre pesada. La primera vez que ví aquel glorioso programa humorístico llamado "De la cabeza", que fue un antes y un después del género en la tele, incluso superando a Gasalla, que ya nos había sorprendido trayendo de keruza a Urdapilleta, Tortonese y el finado Batato Barea, me dije que sí, que había esperanza, que había un nuevo humor, muy cómplice, muy improvisado, muy loco, muy sorprendente. Si bien tenía como referente a un novel actor del off Corrientes como Alfredo Casero, todos (y cuando digo todos, eran todos) sus componentes actorales descollaban a su manera con sus personajes y sus interpretaciones. La gran característica de este programa, es que era pura improvisación, pero de verdad. No había libreto, sólo una pauta, un decorado acorde, un par de vestuarios y ponete a grabar. De ahí salieron personajes que ya son historia como el Ministro de Ahorro Postal Don Gilberto Manhattan Ruiz o el "padrecito" que predicaba el periplo del Mártir Peperino Pómoro o el contador de chistes malos Alacrán. Misteriosamente, por esas cosas del destino televisivo, lo que un año antes se llamó de una forma, después de una ruptura del grupo con algunos de ellos intentando hacer un programa en Canal 9 llamado "Del tomate" y con producción de un eufórico Nicolás Repetto, se terminó llamando "Cha cha chá", ya con Casero encabezando la trouppe (hoy se puede ver esa primera temporada por el canal Volver los viernes a la noche). De ahí, el delirante comediante ya era en parte vituperado por sus ex integrantes que no soportaban su carácter de mandón (el “japonés” Jorge Nakamura, llegó a decir en una revista que "yo la colimba ya la hice, por eso me fuí del programa"), sumado a las oportunidades que les daban en publicidades o en programas de altísimo rating. Ya el carisma de Casero, sin proponérselo, "tapaba" el talento en igual medida de los demás actores y estaba a un paso de convertirse en otro capocómico más del museo televisivo cuando decidieron ponerle fin a la aventura de Cha cha chá en su cuarto año consecutivo tras la pantalla de un América 2 que amaba experimentar y estaba lejos de ser el actual adefesio ávido de impacto, escándalos mediáticos, censuras por conveniencia y tetas de Nazarena Velez por doquier. Todo el grupo tuvo suerte dispar, pero suerte al fin. Rodolfo Samsó, el actor que encarnaba a Alacrán, se salvó por mucho tiempo trabajando para el circo de Tinelli y para cuanto programa de Telefé tenga cabida, actores como Pablo Cedrón y Mariana Briski zafaron haciendo unitarios para Pol-ka y el dúo Diego Capussotto-Fabio Alberti, tras algunos esbozos teatrales en el “off Palermo Soho” decidió seguir la brecha del absurdo humorístico en la tele con "Todo por dos pesos" (curiosamente producidos por Marcelo Tinelli, que más allá de sus patéticos programas, es valedero el espacio que le ha dado a los cómicos independientes ¿Quién se acuerda que estuvieron Los Kelonios en Ritmo de la Noche?), la mejor continuación de Cha cha chá que empezó tímidamente en el canal 9 cuando era Azul TV, fue levantado por falta de rating y terminó instalándose por ¡tres años! en el canal 7 de una juvenil Alianza con hambre de buena televisión. Ahí también se supieron retirar a tiempo, antes que la prensa que los subió, los empiece a bajar de un ondazo porque ya no eran "la moda" (ya habían empezado a malcriticarlos los progres del suplemento Sí de Clarín). Y de a poco, el absurdo humorístico en la tele se quedó estancado, en un callejón sin salida, sin riesgos que correr, anteponiendo el morfi antes que la cabeza. Y en ese nuevo contexto apareció a principios de año el nuevo programa del gordo Casero, luego de consagrarse como actor serio en los unitarios adultos de Pol-Ka y saborear las mieles del éxito pop con el ultravendedor "Shima uta" (fue tal el hit radial de ese tema que se había corrido el inverosímil rumor que el mismísimo Fatboy Slim había hecho un remix de la canción), el actor ya está en el pedestal de los baluartes de la televisión de esta generación copada de tomadores de desiciones sub 35. El programa se llamaba "A todo culorr" y fue en el horario ocupado por el explícito "Mujeres asesinas". Lo primero que pensamos al empezar a verlo fue en el efímero "Casero en castellano", lanzado exactamente con las mismas intenciones que este programa, como para que la gente conozca lo gracioso que es el amigo Casero. Pero el público de un canal "major" como el 13, incluído el Telefé progre de ahora, no es el mismo que los cinco gatos locos que te avisaban por teléfono o en el buffet de la facultad que hay "un programa nuevo" en el 7, en el 2 o en algún canal de cable perdido. Y "Casero en castellano" apenas arañó cuatro programas, tres más que "Muenas nochex", ese delirio explícito de media hora en formato de show amorfo con un secretario enano que le bailaba a la invitada de turno mientras comentaba su vida. Ese programa fue levantado violentamente por las autoridades del canal 2 porque no lo entendían (convengamos que era inentendible, un Casero a la máxima pureza de drogadicción sin drogas). Y eso es fue que salió de "A todo culorr", una mezcla de "Casero en castellano" y "Muenas nochex", con el mismo destino que este último: durar solo un programa. Con ediciones muy idas de mambo, ¡¡argumento en algunas partes!!, un monólogo de apertura tiradísimo de los pelos con su nueva obsesión que es la palabra "culo", estética parecida a la del Dr. Vaporeso... y la Esther Goris del futuro, Leticia Bredice, ¡¡como co-estrella!! Si fuera invitada de un solo programa, buenísimo, como lo fue la superficial Natalia Oreiro en Todo por dos pesos. Pero que esté en todos los hipotéticos envíos una actriz que de absurdo no tiene nada conocido, como sí lo es en su "vida real", le quitó toda la poca credibilidad que puede llegar a tener un programa tan intencionadamente inverosímil como lo fue este nuevo capricho “caserístico”. El gordo volvió a rodearse de actores, actrices o mediáticos como Diego Ripoll (locutor de radio y publicidades devenido en delirante comunicador social, al estilo de Marcela Pacheco, aunque no tanto como ella) que no tienen el training de improvisar con el humor o hacer de algo dramático una cosa graciosa, por más buena voluntad que le pongan al asunto.

EL OTRO CAMBIO, LOS QUE SE FUERON
Debo confesar algo. En casa somos fanas de lo que hace el gordo, pero últimamente nos comimos muchos garrones. No podíamos verlo como un actor dramático en Locas de amor o Vulnerables, porque cada frase que decía era tan desubicada que nos matamos de risa. Y ahora, con este A todo culorr, vimos el monólogo del principio y apenas apareció la insoportable Leticia Brédice... pusimos en Canal 7 el Festival de Jesús María. No, macho, así no. Hay que rever unas cuantas cosas, entre ellas, que dejémonos de embromar. Que labures con Casero en un programa seudo-humorístico como este no te da "chapa de actor off Corrientes" como creen muchos, porque Casero no es Woody Allen, que bastante fumado está con sus delirios psicológico-traumáticos en sus películas, que sólo los aplauden los críticos progres de cine. El gordo tiene la obligación moral de juntarse nuevamente con la gloriosa troupe de Cha cha chá. Están en un canal grosso, que les garpen el doble, el triple, pero que garanticen que nos vamos a descostillar de risa como en aquellas maravillosas épocas. No alcanza con una buena producción. El grupo humano es importante (¿cómo se explicaría entonces que un programa como Mañanas informales sea tan llevadero en sus 4 horas diarias si no lo es por el compañerismo y profesionalismo que se ve y se siente?) y no es lo mismo que pongas un par de actores que encima no son del palo. Es cierto, pasaron un par de programas y hay que acomodarse (cosa que ni siquiera pasó en este debut y despedida), pero en este tipo de envíos tenés que mandar la carne al asador de una. Y eso es un lujo que el verdadero humor absurdo no se puede dar, el de acomodarse al gusto de la gente que mira ese canal. Pará un poco. O lo tomás o lo dejás. Sólo de esa forma se podría haber evitado el tercer fracaso televisivo de un actorazo cómico como Alfredo Casero. Lástima que todo quedó en la absoluta nada. O un buen consuelo como el programa de Capussotto en Rock & Pop TV.

ENERO 2006. Actualizado OCTUBRE 2006.



 

 
    (c) 2003, 2006 dulatina Comunicación Audiovisual. Asociada al grupo audiovisual El Ave Fenix. 
Buenos Aires, Argentina