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Fuimos
a la Feria del Libro
LA
SORPRESA DEL PÚBLICO
por Quirquincho Moteado, especial para dulatina
Es
curioso, pero la gente va cada vez más a una Feria que no trae cada año
un cambio de raíz. La verdadera sorpresa la da el público que se
vuelca como hipnotizada a sus callejones y stands. La Feria del Libro
tiene esa magia a veces inexplicable. Cada vez va más gente (este fue
el año que más gente fue en 30 años de existencia) y eso es algo
ineludible. Y era como que se la veían venir los organizadores donde
se puede ver, más allá de la costumbre, el acertado cambio de sede;
del siempre chiquito Centro de Exposiciones a los monumentales
pabellones nuevos de La Rural, donde nunca podés ver aglomeraciones
de gente caminando. Además
tiene la ventaja que el show comienza mucho antes de pelar la entrada
a la Feria. Desde que está en La Rural, se usó muy bien el lobby de
los pabellones, dominado por los grupos Clarín y La Nación (este
primero con las mas bellas y menos simpáticas promotoras), donde tenía
su rincón de lectura con café gratis (que no se lo daban a
cualquiera) y una placita con bancos, árboles, algun que otro
malabarista y muy buena música de fondo (¡estaban pasando Man on the
moon de R.E.M.!). Lástima que el Ministerio de Educación no puso ese
maravilloso stand con los distintos métodos de educación de
Argentina en su historia que puso el año pasado, pero en su lugar la
revista Foto exhibió algunas obras. Los lockers siguen siendo el
curro mayor, ya que no te devuelven la moneda de un peso, pero por lo
menos ahora te avisan con un cartel que no te la devuelven. Lejos de
aquella epopeya lograda por el Gobierno de Buenos Aires de pagar todas
las entradas hace unos años y provocar la primer entrada gratuita en
la historia de la Feria, la entrada sigue siendo accesible con sus
tres pesos y gratis para jubilados, docentes, estudiantes
universitarios y terciarios y malón de colegios. Clarín, agrandadísimo
y orgulloso de su revista cultural Ñ, exhibía una letra toda
tapizada con hojas de su suplemento mientras enfrente la gente se
agolpaba para ver a Lalo Mir en acción teniendo como invitado a Mario
Pergolini en su programa de Radio Mitre. Ya dentro de la Feria, el
ambiente era muy distinto al bolonqui del lobby. Se extrañan mucho
algunos stands como los de Página 12, la de la Asociación de
Revistas, los videos clásicos de Blakman, la mítica revista La Maga,
pero creemos que entre los stands más concurridos y con más historia
está el de Fernet Branca. A Musimundo le salió una suerte de
competencia con CBA music "la disquería de la feria" (tiene
su puesto fijo en la feria de Mataderos) donde, además de editar sus
propios artistas, vende discos de otros sellos. Eso sí, ni una oferta
como la gente y hasta te podías encontrar discos de "difusión -
venta prohibida" de sellos grandes ¡a la venta! En frente
estaban las charlas nutricionistas para madres que daba Nestlé
mientras un televisor pasaba sus últimos comerciales sin parar (podían
haber hecho un racconto histórico de la publicidad de la marca, ¿no?),
pero era una excelente excusa para luquear un caldito maggi o un
sobrecito de leche Nido. Dándote la vuelta, estaba la editorial Ivrea,
ya de culto entre los fanáticos del animé, donde vendían su revista
bandera Lazer a un peso menos que en los kioscos. Y el circuito fantástico
tenía buenos representantes a falta de un Club del Comic. La
Buhardilla, en su muy compacto stand, vendía desde miniaturas del Señor
de los Anillos y libros referentes a Tolkien hasta remeras de Kill
Bill. Había una cabeza del Planeta de los Simiso donde mas de uno,
cada vez que la miraba, hacía el mismo chiste de "mirá, es
Menem". Eso sí, una entidad de bien público que estaba dentro
de ese stand usaba un poster de la "lluvia digital " de
Matrix como mantel. Otra cosa que se extraña mucho es la falta de
multimedia en los stands de los países. Sin ir mas lejos en tiempo,
en el '96 Israel tenía discos pop y hasta videos de programación
televisiva israelí. Se vieron muy pocas cosas de ese tipo, destacándose
los cassettes de la comunidad gallega, algunas tapas muy setenteras
con cantantes con patillas. En la parte "mainstream" de las
editoriales había dos lanzamientos que movilizaron a la gente. El
primero es el último libro de la serie del infladísimo Harry Potter,
La órden del Fénix, faltando apenas pocas semanas para el estreno de
su anterior capítulo en versión fílmica, El prisionero de Azkabán.
El de Harry Potter es un fenómeno muy raro de "le compro este
libro al pibe porque capaz que en el colegio lo están leyendo"
sin importarle los exhorbitantes 50 pesos en tapa blanda y 60 en tapa
dura que cuesta el libro y siguiendo los consejos del progre Jorge
Lanata que no para de mandar loas a la serie desde su petardista
revista Veintitres. Lo que sí es que no vimos a gente agolparse a
comprarlo. El furor del primer día de lanzamiento pasó tan rápido
como el día. En donde sí hubo cierto agolpamiento fue para verle la
cara a Melissa P., la precoz autora de "Cien cepilladas antes de
ir a dormir", un libro de alto contenido erótico donde una chica
que entró a la pubertad cuenta con lujo de detalles como se
"cepillaba" uno que otro tipo. Carne de best seller para su
empresa editora, la trajo a la Argentina para presentar su
"obra". Y todos esperaban una putarraca tipo Cicciolina que
muestre un seno y diga que hace el amor cada 5 minutos. Bueno, por lo
menos para lo segundo estuvo cerca, pero la tal Melissa P. tenía una
pinta más de estudiante de profesorado de inglés que vive en barrio
residencial que de mina que revoleó la chancleta. Hasta con el novio
vino, que encima es su manager (no es ningún gil el pibe). Entre
todas las intrascendencias que dijo esta chica (¿para qué hablar si
todo está en el libro?), prometió otro libro con otra temática y
otro título... que va a ser "101 cepilladas antes de ir a
dormir" y va a hablar de sus experiencias con mujeres. No van a
perder a la gallina de los huevos de oro, je. Y ahí escondido, como
para que no se llene de gente "molesta", en una de las
salidas del descanso principal de la feria, estaba la carpa de los
procesadores Intel, donde te pasaban un documental en 3D con la
historia de los inventos. Antes de entrar te daban unos anteojos que
se devolvían al terminar el video. Eso sí, no te dejaban terminar de
ver el final que ya abrían la cortina y te miraban como diciendo
"che, ya está, viteh". La idea de "esconderse" en
la Feria les funcionó: casi nadie se enteró que uno de los
principales sponsors del evento, hizo una carpa para pasar un video.
Pero eso se compensaba (o algo parecido) con la insistencia de hacer
un stand con máquinas conectadas a Internet gratis donde no se podía
chatear ni abrir el MSN ni bajar programas ni canciones del Kazaa (¿para
qué si te daban míseros 15 minutos?). Apenas revisabas tu mail o
mirabas un portal fácil de leer. El que sigue siendo un buen sitio
para presentaciones son los anfiteatros del Gobierno de la Ciudad y de
la Provincia de Buenos Aires, donde había funciones de títeres,
talleres literarios y videos de Julio Cortázar, en conmemoración de
ser éste el año del escritor.
Y así ha pasado la Feria del Libro número 30, un fenómeno que ahora
se puede decir que tiene siempre el público asegurado. Se le puede
criticar cierta limitación temática, pero así y todo es la
propuesta masiva más interesante para chusmear una vez al año.
MAYO
2004.
Sitio oficial de la Feria.
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