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El triunfo de Boca y lo peligroso del famoso "folklore" del deporte.
BESTIAS DE CARGA
por Enrique Cerse, especial para dulatina.

Eran las 6 de la mañana del domingo 14 de diciembre. Me despertaron unos vagos que estuvieron toda la madrugada improvisando una murga. Una hora después, parecía la invasión yanqui a Irak con los petardos y bombas de estruendo.  Gol del Milan, un par de cuetitos y nada más. Empata Boca, de vuelta la invasión yanqui. Eran las diez de la mañana y se venía el mundo abajo (bueno, parte de él): Boca gana por penales la Copa Intercontinental (vale la pena aclarar que no es ninguna copa "del Mundo". En inglés, y a cada rato, aparecía en la tele "Toyota European-South American Cup") y los medios argentinos, desesperados por rating y resfregándose las manos porque van a vender más Olé que nunca, describían la victoria como una gesta heroica y, los más arriesgados titularon "contundente triunfo". Y lo de siempre: de pronto, todos tenían camisetas de Boca. Sí, esa misma que cuando pierden, la guardan en el fondo del último cajón del ropero. Y no solamente con los hinchas de Boca pasa eso, no hay cuadro de fútbol que tenga hinchas tan ciclotímicos a tal punto de faltar al trabajo y encerrarse tres días en la casa para evitar las verdugueadas. Y ahí queríamos llegar. Esas cargadas, gastadas, burlas, en su gran mayoría de muy mal gusto y con la intención de provocar al destinatario a que lo emboque de una piña, ni más ni menos. Bueno, eso es llamado por los multimedios deportivos "el folklore del fútbol". Lo más gracioso (¿o lo más triste?) es que ese eufemismo que se usa para la incitación a la violencia es inversamente proporcional a todas las campañas que se hacen para erradicar a la violencia misma. Vamos con el ejemplo más claro: TyC Sports, el canal argentino de deportes más visto del país, tiene un programa donde muestra a las hinchadas de todos los equipos y a los fanáticos de los cuadros menos conocidos, pero tiene un apartado para los cantitos donde en su gran mayoría son provocaciones violentas y sexuales contra "el primo", o sea, el eterno rival de ese equipo. Martín Souto, su conductor, siempre aclara que "esto es parte del folklore del futbol, y no se quiere con esto incitar a la violencia ni nada por el estilo", que es el equivalente a decir en el canal Venus "todos los actores de las películas que pasamos usan preservativo" cuando la realidad es que en casi todas las películas lo hacen a "pelo limpio", porque es mas atractivo visualmente. Pero al mismo tiempo, hace campañas contra la violencia, con jugadores de cuadros rivales leyendo en un teleprompter alegatos contra la violencia mientras se intercambiaban las camisetas como para la foto, una escena demasiado forzada y poco creíble. El diario deportivo más vendido del país (es el único que hay), Olé, también hace campañas anti violencia en el fútbol con una sección llamada precisamente "no a la violencia", donde cuenta cómo va tal juicio a un barra brava, por ejemplo. Pero al mismo tiempo, gana, en un ejemplo, Boca y lo primero que hacen es publicar un poster... ¡para cargar a River! Aunque le hayan ganado a Yupanqui, las cargadas son para River, "el primo", el eterno rival. Ganó la Libertadores y fue Olé el de la idea de los polémicos buzos que usaron los jugadores xeneizes con el provocador estampado "Sigan participando". Claro, vos, si sos una persona madura, dirás "ah, pero es una simple bromita", pero no lo es. Es cierto, empieza con una bromita pero es una bola de nieve que va creciendo y creciendo. Y todos tenemos como amigo o conocido algún fanático o fanática del futbol, que se pone la camiseta y no la lava "porque es cábala". Andá a decirle a ese hincha de Boca, por ejemplo, que está recaliente porque cuando hizo el gol el Milan tiraron petardos, pero se hace el gil cuando festejó que Juventus le ganó a River en otra final Intercontinental.

Eso es el famoso "folklore futbolero", la permanente provocación histérica de quién carga más a quién, de quién tiene más "aguante", quién es menos "pecho frío", quién es "p*to", quién es "capo". Y los medios deportivos aprovechan al máximo esa veta pasional y desesperante del hincha, de esa persona que antes que su familia, está la camiseta del club. De aquel que lo hace socio al hijo antes de nacer y que le saca la foto con la camiseta, sin darle la chance de elegir por él mismo. Pero no saben que están, sin temor a exagerar, engendrando mosntruos. O acaso lo saben, pero no miden las consecuencias, salvo con la vara de lo que pueden llegar a vender. Mientras, va a haber gente que llora porque perdió su equipo. E hipócritas que digan que no deben matarse entre ellos, cuando en el fondo ruegan que eso ocurra.

DICIEMBRE 2003.

 

 
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